martes, 7 de abril de 2026

RUTA 1. ETAPA 1: Santiago de Cacem - Porto Covo

 


El día 28 de marzo de 2022 iniciamos nuestra andadura por tierras portuguesas. La idea inicial —y aquí viene lo importante: inicial— era completar la famosa Rota Vicentina, desde Santiago de Cacém hasta Cabo de San Vicente. Un plan perfecto, de esos que suenan épicos cuando los cuentas… y que luego la realidad se encarga de matizar. Y es que, como relataremos más adelante, a mitad de la aventura nos cruzamos con un inesperado compañero de viaje: el COVID, que decidió unirse sin invitación y obligarnos a regresar a casa antes de tiempo. Pero no adelantemos acontecimientos.

Como buenos aventureros organizados (o al menos eso intentábamos aparentar), lo primero que necesitábamos era contar con los tracks de la ruta. Para ello recurrimos a páginas como Con Alforjas, donde las rutas están explicadas con todo lujo de detalles, y a Wikiloc, imprescindible para no acabar, literalmente, en mitad de la nada… aunque tampoco garantizaba librarse del todo de despistes.

La Rota Vicentina puede realizarse de dos formas: siguiendo la costa por el “Trilho dos Pescadores” o adentrándose por el interior. Nosotros, cómo no, optamos por la opción más pintoresca… y también más traicionera para las piernas: la ruta costera. Porque si vas a sufrir, al menos que sea con buenas vistas.

Llegamos a Porto Covo, donde pasaríamos nuestra primera noche, justo después de comer. Pero como todavía nos quedaban energías (o inconsciencia), decidimos aprovechar la tarde para hacer una especie de etapa prólogo: desde Santiago de Cacém hasta Porto Covo, unos nada despreciables 26,7 km. Sobre el papel, el recorrido era totalmente llano, lo cual sonaba estupendo… hasta que descubrimos el verdadero enemigo de la jornada: la arena.

Las pistas cubiertas de arena se convirtieron rápidamente en nuestro particular campo de batalla. Pedalear se transformó en una mezcla entre ciclismo y lucha libre, y no tardaron en llegar las primeras caídas, esas que duelen poco en el cuerpo pero mucho en el orgullo. Digamos que la ruta empezó a enseñarnos, desde el primer día, quién mandaba realmente.

Después del esfuerzo, tocaba recompensa. Cenamos de maravilla en el restaurante Zé Inácio, donde recuperamos fuerzas como auténticos campeones, y nos alojamos en el Ahoy Porto Covo Hostel. Un lugar limpio, tranquilo y con una relación calidad/precio más que decente. Además, éramos los únicos huéspedes aquella noche, lo cual nos hizo sentir como si hubiéramos alquilado el sitio entero… sin pagar ese lujo, claro.

A la mañana siguiente disfrutamos de un delicioso desayuno en la terraza del hostel. El ambiente era idílico: sol suave, tranquilidad absoluta… hasta que la conversación, de forma totalmente natural (o preocupante, según se mire), derivó en el número de pastillas que tomaba cada uno. Porque nada une más a un grupo que comparar medicación a primera hora del día.

Con el estómago lleno y el espíritu renovado, iniciamos la segunda etapa rumbo a Almograve, sin saber muy bien si estábamos preparados… pero con ganas de seguir acumulando kilómetros, anécdotas y alguna que otra caída más.

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