viernes, 17 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 4. Odemira - Odeceixe

 

Iglesia de São Teotónio

Arrancamos la cuarta etapa con la mochila cargada… no solo de provisiones, sino también de los recuerdos (no precisamente gloriosos) de nuestra primera experiencia. Aquella vez, al llegar a Odeceixe, se nos unió un invitado sorpresa que nadie había llamado: el señor COVID. En esta ocasión, venimos más fuertes, más sabios… y con la firme esperanza de que el susodicho haya perdido nuestro número.

La etapa se presentaba de media distancia —unos 39 kilómetros—, pero ya se sabe que en esto del ciclismo las cifras engañan más que un GPS en modo optimista. La dificultad técnica, moderada en teoría, se inclinaba en la práctica hacia el “¿en serio hay que subir esto también?”. Subidas, bajadas y caminos que parecían más pensados para cabras montesas que para bicicletas componían el menú del día. Eso sí, por primera vez en la ruta, el Atlántico empezaba a asomar, como quien no quiere la cosa, regalándonos ese extra de motivación.

Hicimos parada estratégica en São Teotónio, un encantador pueblo del interior portugués, con sus casitas blancas perfectamente alineadas y esos detalles en azul que parecen pintados con regla y escuadra (o con mucha paciencia). Allí, en el quiosco Amanhecer, nos hicimos con unos bocadillos que, en ese momento, competían seriamente por el título de “mejor comida del mundo”. Los degustamos en el Jardim de São Teotónio, porque todo sabe mejor cuando uno se sienta… y deja de pedalear.

Con energías renovadas (y alguna que otra miga en el maillot), retomamos el camino hacia Odeceixe. El buen tiempo decidió ponerse de nuestra parte y nos regaló una tarde de playa que no estaba en el guion, pero que nadie se atrevió a rechazar. Incluso hubo valientes —o inconscientes, según se mire— que se animaron a darse un baño relajante.

Playa de Odemira

El alojamiento fue el mismo que en la ocasión anterior, el Hostel Seixe. Pero esta vez, por suerte, sin huéspedes “en cuarentena” ni capítulos inesperados de epidemiología en directo. Todo mucho más tranquilo, como debe ser.

Para cerrar la jornada, cena en el restaurante Chaparro: buena variedad, calidad más que notable y precios que no obligan a vender la bicicleta al día siguiente. Un final redondo para una etapa que, aunque exigente, se dejó querer.

 

jueves, 16 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 3. Cercal do Alentejo – Odemira

 

Preparados, listos..., YA!

Con toda la ilusión del mundo (y las piernas todavía convencidas de que esto era buena idea), nos lanzamos a por los 43 kilómetros de la tercera etapa, esa pequeña “paseíllo” que nos separaba de Odemira.

Podríamos dividir la etapa en dos partes muy claras: una primera hasta São Luís, con caminos de tierra sorprendentemente amables —de esos que te hacen pensar “oye, pues tampoco es para tanto”—; y una segunda parte, donde la cosa ya se pone más seria al seguir la histórica Ruta Vicentina, que decide recordarte que sí, que estás haciendo 43 kilómetros… y que se van a notar.


Una vez en Odemira, y tras completar la misión con éxito (y cierta dignidad), procedimos a lo verdaderamente importante: la recuperación. Nos hidratamos como mandan los cánones con una Super Bock en la terraza de la cafetería “O Tarro”. Precios más que razonables para lo que solemos sufrir habitualmente y un servicio de esos que te hacen sentir que te la has ganado… porque, efectivamente, te la habías ganado.

Aprovechamos también para hacer algunas compras y llevarnos recuerdos del lugar, porque si no vuelves con algo en la mochila, parece que no has estado.


Alojamiento: Residencial Rita
Bien situado, ideal para dejar caer el cuerpo sin tener que recorrer muchos más kilómetros (detalle muy de agradecer a esas alturas). Habitaciones triples, limpias y correctas. El desayuno, bueno y completo… aunque, desde nuestro humilde punto de vista, con un precio que nos hizo levantar una ceja (y no precisamente por el esfuerzo del día).

La cena fue en el restaurante “O Escondidinho”, en pleno centro. Un lugar familiar, con un trato cercano que te hace sentir como en casa, pero sin tener que cocinar tú. Comida rica, abundante y a buen precio: justo lo que uno necesita después de una jornada así. Sin duda, un sitio para repetir… si las piernas lo permiten.

miércoles, 15 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 2. Santiago de Cacem – Cercal do Alentejo

 

Santiago de Cacem. Listos para inicar la etapa.

Bien descansados, bien desayunados y, lo más importante, con ganas de seguir pedaleando (porque ya estábamos allí y no quedaba otra), iniciamos la segunda etapa con destino a Cercal do Alentejo. Según el track, nos esperaban 42 km… una cifra respetable, pero todavía dentro de lo que uno puede aceptar sin negociar demasiado con las piernas.

Por el camino hicimos una parada cultural —sí, también tenemos ese lado sofisticado— en el Yacimiento Arqueológico de Miróbriga. Un lugar fascinante donde se mezclan restos de un asentamiento romano construido sobre otro celta, lo que viene siendo historia en capas, como una buena lasaña, pero sin queso. La visita mereció muchísimo la pena: bien conservado, interesante y, además, a un precio tan asequible que casi daba para sentirse culpable por no pagar un poco más.

Yacimiento arqueológico de Miróbriga

Tras la dosis de cultura y unos cuantos kilómetros más, el cuerpo empezó a enviar señales bastante claras (y poco negociables) de que necesitaba combustible. Así que hicimos parada técnica en Casa Fonseca, en Vale das Éguas. Allí nos atendió un señor de lo más majo, con esa hospitalidad tranquila que parece marca registrada de la zona, y además con una buena explanada que hizo las veces de parking improvisado para nuestras monturas. Los bocadillos, sencillos pero gloriosos, cumplieron su misión: devolvernos la fe en nuestras piernas.

Con energías renovadas, retomamos la marcha hasta llegar a nuestro destino y alojamiento: el Local Solar do Alentejo. Las habitaciones estaban bien, sin grandes lujos pero más que suficientes para el descanso del guerrero (o del ciclista, que viene a ser lo mismo pero con más lycra). Habíamos reservado tres habitaciones dobles: algunas con baño interior y otras con baño exterior, aunque exclusivo, eso sí… lo que no evitaba que en algún caso hubiese que hacer una pequeña expedición nocturna para llegar a él.

La reserva la hicimos por internet y ya venía todo perfectamente asignado, con sus números de habitación y todo en orden. Pero, una vez allí y ya instalados, apareció el gestor con una pequeña “sorpresa”: al parecer había habido un error y tocaba cambiar una habitación con baño interior por otra con baño exterior. Curiosamente —y aquí es donde la historia se pone interesante— ese “error” coincidió exactamente con la llegada de dos turistas alemanas en busca de habitación. Casualidad, por supuesto… de esas que pasan solo una vez en la vida… o cada vez que hay overbooking. En fin, lo aceptamos con deportividad (y alguna mirada cómplice entre nosotros).

Para cerrar el día, nos fuimos a cenar al restaurante O Passarinho, muy cerca del alojamiento. Comida portuguesa, casera y muy bien elaborada, de esas que reconcilian con el mundo después de una buena etapa. La señora que nos atendió fue encantadora… aunque también bastante convincente, porque al final terminamos comiendo exactamente lo que ella quiso. Y oye, visto el resultado, quizá sea mejor así: menos decisiones y más disfrutar 😄

RUTA 2. ETAPA 1. Melides – Santiago de Cacem

 

El Capitán preparando el coche escoba para la ruta.

Esta vez salimos con la firme intención de darlo todo… o al menos de intentarlo con dignidad. A mediodía ya estábamos en Santiago de Cacém, así que, motivados (y quizá un poco optimistas), decidimos inaugurar la aventura con una etapa prólogo desde Melides. Según los tracks, aquello iban a ser unos cómodos 26,23 km… pero claro, los tracks no contaban con nuestro peculiar sentido de la orientación. Entre algún que otro despiste —llamémoslo “variantes improvisadas del recorrido”— acabamos redondeando la jornada en unos 30 km bien aprovechados.

La etapa era relativamente plana, de esas que engañan: parece que no subes, pero tampoco bajas, y al final siempre “pica” hacia arriba cuando menos te apetece. Con unos 350 m de desnivel negativo, las fuerzas se mantuvieron sorprendentemente intactas, lo cual nos permitió terminar bastante enteros… aunque con un pequeño detalle: casi nos pilla la noche. Los últimos kilómetros se convirtieron en una auténtica contrarreloj, digna de cualquier gran vuelta, pero con menos público y más prisas.

Como todo esfuerzo merece su recompensa, procedimos a una recuperación científica y rigurosa: una Super Bock bien fría y una contundente cena en el Restaurante Covas. Cocina típica del Alentejo, raciones generosas (por no decir desafiantes) y esa sensación de felicidad que solo da comer como si no hubiera un mañana.

Con el estómago lleno y el espíritu en paz, nos retiramos al merecido descanso en el Turismo Rural A Deolinda, un lugar tranquilo a las afueras del pueblo, perfecto para desconectar… o para caer rendidos sin necesidad de desconectar nada.



El alojamiento no decepcionó: un apartamento para cuatro personas, con dos habitaciones dobles y un salón amplio, cómodo y perfecto para comentar la jugada del día… y exagerarla un poco. Además, un bungalow más recogido para dos personas, que habría sido ideal de no ser porque también teníamos un invitado extra: la bicicleta, que, por supuesto, no pensaba dormir sola fuera.

Y qué decir de Deolinda, una señora encantadora que nos recibió con una sonrisa y nos despidió con un desayuno espectacular. Gracias a ella, al día siguiente arrancamos la etapa con las pilas cargadas, el ánimo alto y la secreta esperanza de no añadir kilómetros “extra” al track… aunque, siendo nosotros, eso nunca se puede garantizar 😄


lunes, 13 de abril de 2026

RUTA 2: RUTA VICENTINA II

 Tras el rotundo fracaso del primer intento de conquistar la Ruta Vicentina allá por marzo —cuando el COVID decidió apuntarse al viaje sin invitación—, seis meses después regresamos con más ganas… y, por qué no decirlo, con algo más de prudencia. Esta vez optamos por cambiar las vistas de mar por los paisajes del interior, pero manteniendo intacto el objetivo final: alcanzar el mítico cabo de San Vicente.

Las etapas, cuidadosamente planificadas (o eso creíamos al principio), fueron las siguientes:

  • Etapa 1: Melides – Santiago de Cacém (30 km)
  • Etapa 2: Santiago de Cacém – Cercal do Alentejo (42 km)
  • Etapa 3: Cercal do Alentejo – Odemira (43 km)
  • Etapa 4: Odemira – Odeceixe (39 km)
  • Etapa 5: Odeceixe – Carrapateira (55 km) (sí, alguien pensó que esto era buena idea)
  • Etapa 6: Carrapateira – Sagres (40 km)

Decidimos dividir la aventura en seis “cómodas” etapas para hacerla más llevadera, aunque pronto descubrimos que eso de “llevadera” era un concepto bastante optimista. Al tratarse de una ruta por el interior, el terreno resultó ser todo un festival de subidas y bajadas, de esos que ponen a prueba tanto las piernas como la paciencia. Así que optamos por tomárnoslo con filosofía… y muchas pausas estratégicas.

Pero esta vez sí: misión cumplida. El 3 de octubre alcanzamos por fin el extremo suroeste de Portugal, donde la recompensa nos esperaba en forma de impresionantes vistas, la imponente fortaleza y el faro que vigila el fin del mundo conocido (o eso parecía después de tantos kilómetros). Y aunque llegamos con las piernas pidiendo vacaciones, la satisfacción hizo que todo el esfuerzo mereciera la pena.

jueves, 9 de abril de 2026

RUTA 1. ETAPA 3. Almograve – Odeceixe

 

La noche en Almograve prometía ser tranquila… pero decidió ponerse dramática. Algún miembro de la expedición debutó con dolor de cabeza y fiebre, aunque en ese momento lo tratamos con el clásico “bah, seguro que mañana se pasa” (spoiler: no se pasó).

Desayunamos en el alojamiento —incluido en el precio, lo cual siempre sabe mejor— y arrancamos con ilusión nuestra ruta de 45 kilómetros rumbo a Odeceixe. Pero el día había decidido que no íbamos a aburrirnos: a los pocos kilómetros, a una bici le dio por hacer huelga y rompió la cadena. Menos mal que la asistencia funcionó de maravilla: trocito fuera, malla nueva, y como si nada hubiera pasado. Ni en la Fórmula 1.

El paisaje, eso sí, seguía cumpliendo: playas espectaculares como Praia do Cavaleiro o Praia do Creleizão, y acantilados de los que te hacen sacar el móvil aunque ya tengas mil fotos iguales, como en el faro de Cabo Sardão.

Hicimos parada en Zambujeira do Mar, ese tipo de pueblo portugués donde todo parece tranquilo… y el café siempre está buenísimo y sorprendentemente barato (misterios de la vida).


Mientras tanto, nuestro compañero “pocho” seguía sin levantar cabeza, así que nos pusimos en modo sanitario y fuimos en busca de una farmacia… que, por supuesto, estaba cerrada. Porque si algo puede salir mal, saldrá mal. Seguimos ruta.

Al llegar a Odeceixe, la misión fue clara: encontrar una farmacia sí o sí. Test de antígenos en mano… y bingo: positivo en COVID. Ante la alegría general (nótese la ironía), el resto del grupo decidió hacerse test también: resultado final, dos positivos y cuatro negativos. El marcador empezaba a animarse.

Solución adoptada: los dos infectados, aislados como reyes en sus habitaciones; los otros cuatro, a cenar y debatir como si fuera una cumbre internacional. Decisión final: retirada estratégica y vuelta a casa.

Pero el virus aún tenía ganas de protagonismo: a la mañana siguiente, antes de regresar… ya éramos tres positivos más.


Conclusión: empezamos siendo una expedición ciclista… y terminamos siendo un brote con ruedas 🚴‍♂️😷

miércoles, 8 de abril de 2026

RUTA 1. ETAPA 2. Porto Covo – Almograve

 


Iniciamos el segundo día de ruta los cinco valientes (y el capitán, cómodamente instalado en la furgoneta de apoyo, supervisando… desde su trono con ruedas) con mucha ilusión y una temperatura en Porto Covo ideal para afrontar los 41,57 km que nos separaban del destino. Vamos, el típico clima que te hace pensar: “hoy sí, hoy soy ciclista profesional”… hasta que aparece la arena.

Al ser el recorrido por la costa, no hay mucha dificultad si hablamos de desnivel, pero, igual que el día anterior, la arena en las pistas hacía bastante dificultoso el pedaleo. Más que ciclismo, por momentos parecía una clase intensiva de spinning… pero sin música y con más sufrimiento. A pesar de ello, y gracias a que todavía nos quedaban fuerzas (y algo de dignidad), conseguimos avanzar mientras disfrutábamos de las preciosas playas que íbamos dejando a nuestra derecha: Praia de Ilha do Pessegueiro, Praia dos Aivados o Praia do Malhão. Todo muy bonito… aunque no lo suficiente como para bajarnos de la bici y empujar con alegría.

Hicimos parada para café en Vila Nova de Mil Fontes, precioso pueblo marinero en la desembocadura del río Mira. Un lugar tan encantador que casi convencía para quedarse… pero el destino (y las piernas) nos llamaban.



Llegamos a Almograve justo a tiempo para comer, que, siendo sinceros, era ya el principal objetivo del día. Aprovechamos la tarde para descansar y reponer fuerzas, actividad en la que demostramos ser auténticos expertos.

En esta ocasión, nuestro alojamiento fue en la Pousada de Juventude de Almograve, todo lo contrario al de Porto Covo. Un lugar enorme y lleno de gente, sobre todo joven, en el que nosotros aportábamos ese toque “vintage” al ambiente. Había habitaciones individuales y también de grupo con literas, perfectas para recordar viejos tiempos… o para confirmar que ya no estamos para esos trotes.

El principal problema lo encontramos a la hora de la ducha: mucha gente y pocas duchas. Las colas eran tales que, por un momento, pensamos que habíamos cambiado las bicicletas por entradas para un concierto. Pero bueno, todo forma parte de la aventura… y del aroma del compañerismo 😄


martes, 7 de abril de 2026

RUTA 1. ETAPA 1: Santiago de Cacem - Porto Covo

 


El día 28 de marzo de 2022 iniciamos nuestra andadura por tierras portuguesas. La idea inicial —y aquí viene lo importante: inicial— era completar la famosa Rota Vicentina, desde Santiago de Cacém hasta Cabo de San Vicente. Un plan perfecto, de esos que suenan épicos cuando los cuentas… y que luego la realidad se encarga de matizar. Y es que, como relataremos más adelante, a mitad de la aventura nos cruzamos con un inesperado compañero de viaje: el COVID, que decidió unirse sin invitación y obligarnos a regresar a casa antes de tiempo. Pero no adelantemos acontecimientos.

Como buenos aventureros organizados (o al menos eso intentábamos aparentar), lo primero que necesitábamos era contar con los tracks de la ruta. Para ello recurrimos a páginas como Con Alforjas, donde las rutas están explicadas con todo lujo de detalles, y a Wikiloc, imprescindible para no acabar, literalmente, en mitad de la nada… aunque tampoco garantizaba librarse del todo de despistes.

La Rota Vicentina puede realizarse de dos formas: siguiendo la costa por el “Trilho dos Pescadores” o adentrándose por el interior. Nosotros, cómo no, optamos por la opción más pintoresca… y también más traicionera para las piernas: la ruta costera. Porque si vas a sufrir, al menos que sea con buenas vistas.

Llegamos a Porto Covo, donde pasaríamos nuestra primera noche, justo después de comer. Pero como todavía nos quedaban energías (o inconsciencia), decidimos aprovechar la tarde para hacer una especie de etapa prólogo: desde Santiago de Cacém hasta Porto Covo, unos nada despreciables 26,7 km. Sobre el papel, el recorrido era totalmente llano, lo cual sonaba estupendo… hasta que descubrimos el verdadero enemigo de la jornada: la arena.

Las pistas cubiertas de arena se convirtieron rápidamente en nuestro particular campo de batalla. Pedalear se transformó en una mezcla entre ciclismo y lucha libre, y no tardaron en llegar las primeras caídas, esas que duelen poco en el cuerpo pero mucho en el orgullo. Digamos que la ruta empezó a enseñarnos, desde el primer día, quién mandaba realmente.

Después del esfuerzo, tocaba recompensa. Cenamos de maravilla en el restaurante Zé Inácio, donde recuperamos fuerzas como auténticos campeones, y nos alojamos en el Ahoy Porto Covo Hostel. Un lugar limpio, tranquilo y con una relación calidad/precio más que decente. Además, éramos los únicos huéspedes aquella noche, lo cual nos hizo sentir como si hubiéramos alquilado el sitio entero… sin pagar ese lujo, claro.

A la mañana siguiente disfrutamos de un delicioso desayuno en la terraza del hostel. El ambiente era idílico: sol suave, tranquilidad absoluta… hasta que la conversación, de forma totalmente natural (o preocupante, según se mire), derivó en el número de pastillas que tomaba cada uno. Porque nada une más a un grupo que comparar medicación a primera hora del día.

Con el estómago lleno y el espíritu renovado, iniciamos la segunda etapa rumbo a Almograve, sin saber muy bien si estábamos preparados… pero con ganas de seguir acumulando kilómetros, anécdotas y alguna que otra caída más.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Cronicas desde el Sillín

 Somos un grupo de jubilados con algo en común que va mucho más allá de la edad: una pasión irrenunciable por la bicicleta.

Antes, cuando el trabajo marcaba el ritmo de nuestras semanas, nos escapábamos siempre que podíamos. Dos, tres salidas semanales… lo justo para mantener viva la chispa. Pero llegó la jubilación —y con ella, el tiempo— y decidimos que ya no queríamos solo salir… queríamos viajar.

Así nacen estas Crónicas desde el Sillín.

Lo que comenzó como una idea entre amigos se transformó en una aventura sobre ruedas por España y Portugal (por ahora…). Seis fuimos los que dimos el primer paso en abril de 2022. Curiosamente, casi todos veníamos del mundo de la educación… excepto nuestro Capitán.

Y qué decir de él.

Capitán de la Marina Mercante en su vida profesional, hoy sigue siendo quien mantiene el rumbo del grupo, aunque desde tierra firme. Por motivos de salud tuvo que dejar la bicicleta, pero su papel es absolutamente esencial. Mientras nosotros pedaleamos, él se encarga de la logística: compra el pan, prepara el avituallamiento, nos espera en el punto justo para recuperar fuerzas y se adelanta para dejar todo listo en el alojamiento. Gracias a él, cada final de etapa sabe aún mejor: bicis guardadas, ducha reparadora y la satisfacción del camino recorrido.

Desde aquel abril de 2022 no hemos dejado de sumar kilómetros y experiencias. Estas son algunas de las rutas que ya forman parte de nuestra historia:

  • Ruta Vicentina I (hasta Odeceixe)
  • Ruta Vicentina II (hasta el Cabo de San Vicente)
  • Camino del Cid I (de Vivar del Cid a Daroca)
  • Camino del Cid II (de Daroca a Valencia)
  • Ruta del Ebro I (de Brañavieja a Tudela)
  • Ruta del Ebro II (de Tudela a Riumar)
  • Camino del Duero (de Duruelo a La Fregeneda)

Con el tiempo, el grupo ha ido creciendo. A los “profes” se han unido compañeros de la sanidad, la informática… y nuevas historias que se irán sumando poco a poco. Hoy ya somos 14 los que compartimos kilómetros, risas, esfuerzo y, sobre todo, ilusión por seguir descubriendo caminos.

Este blog nace con la idea de contar todo eso: lo que vivimos, lo que aprendemos, lo que nos sorprende… y también esos pequeños detalles que solo aparecen cuando se viaja despacio, a golpe de pedal.

Si además conseguimos inspirar o ayudar a otros amantes de la bicicleta, entonces el viaje será todavía más especial.

Nos vemos en la próxima etapa 🚴‍♂️