miércoles, 15 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 2. Santiago de Cacem – Cercal do Alentejo

 

Santiago de Cacem. Listos para inicar la etapa.

Bien descansados, bien desayunados y, lo más importante, con ganas de seguir pedaleando (porque ya estábamos allí y no quedaba otra), iniciamos la segunda etapa con destino a Cercal do Alentejo. Según el track, nos esperaban 42 km… una cifra respetable, pero todavía dentro de lo que uno puede aceptar sin negociar demasiado con las piernas.

Por el camino hicimos una parada cultural —sí, también tenemos ese lado sofisticado— en el Yacimiento Arqueológico de Miróbriga. Un lugar fascinante donde se mezclan restos de un asentamiento romano construido sobre otro celta, lo que viene siendo historia en capas, como una buena lasaña, pero sin queso. La visita mereció muchísimo la pena: bien conservado, interesante y, además, a un precio tan asequible que casi daba para sentirse culpable por no pagar un poco más.

Yacimiento arqueológico de Miróbriga

Tras la dosis de cultura y unos cuantos kilómetros más, el cuerpo empezó a enviar señales bastante claras (y poco negociables) de que necesitaba combustible. Así que hicimos parada técnica en Casa Fonseca, en Vale das Éguas. Allí nos atendió un señor de lo más majo, con esa hospitalidad tranquila que parece marca registrada de la zona, y además con una buena explanada que hizo las veces de parking improvisado para nuestras monturas. Los bocadillos, sencillos pero gloriosos, cumplieron su misión: devolvernos la fe en nuestras piernas.

Con energías renovadas, retomamos la marcha hasta llegar a nuestro destino y alojamiento: el Local Solar do Alentejo. Las habitaciones estaban bien, sin grandes lujos pero más que suficientes para el descanso del guerrero (o del ciclista, que viene a ser lo mismo pero con más lycra). Habíamos reservado tres habitaciones dobles: algunas con baño interior y otras con baño exterior, aunque exclusivo, eso sí… lo que no evitaba que en algún caso hubiese que hacer una pequeña expedición nocturna para llegar a él.

La reserva la hicimos por internet y ya venía todo perfectamente asignado, con sus números de habitación y todo en orden. Pero, una vez allí y ya instalados, apareció el gestor con una pequeña “sorpresa”: al parecer había habido un error y tocaba cambiar una habitación con baño interior por otra con baño exterior. Curiosamente —y aquí es donde la historia se pone interesante— ese “error” coincidió exactamente con la llegada de dos turistas alemanas en busca de habitación. Casualidad, por supuesto… de esas que pasan solo una vez en la vida… o cada vez que hay overbooking. En fin, lo aceptamos con deportividad (y alguna mirada cómplice entre nosotros).

Para cerrar el día, nos fuimos a cenar al restaurante O Passarinho, muy cerca del alojamiento. Comida portuguesa, casera y muy bien elaborada, de esas que reconcilian con el mundo después de una buena etapa. La señora que nos atendió fue encantadora… aunque también bastante convincente, porque al final terminamos comiendo exactamente lo que ella quiso. Y oye, visto el resultado, quizá sea mejor así: menos decisiones y más disfrutar 😄

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