miércoles, 15 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 1. Melides – Santiago de Cacem

 

El Capitán preparando el coche escoba para la ruta.

Esta vez salimos con la firme intención de darlo todo… o al menos de intentarlo con dignidad. A mediodía ya estábamos en Santiago de Cacém, así que, motivados (y quizá un poco optimistas), decidimos inaugurar la aventura con una etapa prólogo desde Melides. Según los tracks, aquello iban a ser unos cómodos 26,23 km… pero claro, los tracks no contaban con nuestro peculiar sentido de la orientación. Entre algún que otro despiste —llamémoslo “variantes improvisadas del recorrido”— acabamos redondeando la jornada en unos 30 km bien aprovechados.

La etapa era relativamente plana, de esas que engañan: parece que no subes, pero tampoco bajas, y al final siempre “pica” hacia arriba cuando menos te apetece. Con unos 350 m de desnivel negativo, las fuerzas se mantuvieron sorprendentemente intactas, lo cual nos permitió terminar bastante enteros… aunque con un pequeño detalle: casi nos pilla la noche. Los últimos kilómetros se convirtieron en una auténtica contrarreloj, digna de cualquier gran vuelta, pero con menos público y más prisas.

Como todo esfuerzo merece su recompensa, procedimos a una recuperación científica y rigurosa: una Super Bock bien fría y una contundente cena en el Restaurante Covas. Cocina típica del Alentejo, raciones generosas (por no decir desafiantes) y esa sensación de felicidad que solo da comer como si no hubiera un mañana.

Con el estómago lleno y el espíritu en paz, nos retiramos al merecido descanso en el Turismo Rural A Deolinda, un lugar tranquilo a las afueras del pueblo, perfecto para desconectar… o para caer rendidos sin necesidad de desconectar nada.



El alojamiento no decepcionó: un apartamento para cuatro personas, con dos habitaciones dobles y un salón amplio, cómodo y perfecto para comentar la jugada del día… y exagerarla un poco. Además, un bungalow más recogido para dos personas, que habría sido ideal de no ser porque también teníamos un invitado extra: la bicicleta, que, por supuesto, no pensaba dormir sola fuera.

Y qué decir de Deolinda, una señora encantadora que nos recibió con una sonrisa y nos despidió con un desayuno espectacular. Gracias a ella, al día siguiente arrancamos la etapa con las pilas cargadas, el ánimo alto y la secreta esperanza de no añadir kilómetros “extra” al track… aunque, siendo nosotros, eso nunca se puede garantizar 😄


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