martes, 21 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 6. Odeceixe – Cabo San Vicente – Sagres

 

Llegó el último día. Tras haber descansado como auténticos reyes en la Pensao das Dunas y disfrutar de un desayuno estupendo y completo en la terraza (de esos que te hacen replantearte por qué no desayunamos así todos los días), arrancamos la última etapa con la misma ilusión con la que empezamos la ruta… aunque con un puntito de “esto ya se acaba”. Nos esperaban por delante los últimos 40 km.

La etapa se puede dividir en dos partes muy claras. Los primeros 20 km, hasta Vila do Bispo, siguieron la tónica de los días anteriores: sube y baja constante, tramos técnicos y alguna que otra ocasión en la que la dignidad ciclista obligó a echar pie a tierra sin remordimientos.

A partir de ahí, el terreno se calmó… demasiado. Se volvió prácticamente llano, casi sospechoso, donde el único rival serio fue el viento del sur, que en algún momento soplaba con ganas de recordarnos quién manda en la costa.

Para reponer fuerzas hicimos parada en la cafetería Caravela. Nos atendió una chica encantadora que, además de cafés, nos dio una auténtica clase magistral sobre cómo pedirlos en el norte y el sur de Portugal. Vamos, que no solo viajamos en bici: también hacemos turismo lingüístico y cultural sin proponérnoslo.


Con las pilas recargadas y algo más sabios en materia cafetera, reanudamos la marcha hacia el mítico Cabo de San Vicente, situado en el suroeste de Portugal y marcando el límite occidental del golfo de Cádiz. En el extremo nos esperaba su faro (aunque en nuestro caso, en obras y con visita aplazada), rodeado de una especie de fortaleza desde la que se contemplan los imponentes acantilados y la playa de Beliche. Un lugar que te hace parar sí o sí, aunque no tengas intención.


Pero la aventura aún no había terminado: todavía quedaban 10 km hasta Sagres, donde pasaríamos la noche.

El alojamiento fue el Sagres Sun Stay - Hostel & Surf Camp, un hostel claramente pensado para surfistas jóvenes y desenfadados (esa noche, sin duda, subimos la media de edad del lugar de forma considerable). Nos tocó una habitación con 6 literas para el grupo, amplia y bien organizada, perfecta para repartir equipaje sin entrar en guerra diplomática con los compañeros.


Nos relajamos un rato en la piscina antes de cenar, disfrutando del momento como si no existiera el día siguiente… aunque existía, y con agujetas.

Si hay que ponerle un “pero” al alojamiento, sería que por la noche el baño estaba en otro edificio. Algo que, en teoría, no suena dramático… hasta que te enfrentas al aire frío y húmedo de Sagres en modo excursión nocturna.

Antes de la cena, y para “recuperar líquidos” como manda el protocolo cicloturista, nada mejor que una Super Bock en el Chiringuito Praia da Mareta.

Y para cerrar el día como se merece: cena en el restaurante Babugem. Cenamos estupendamente. La cataplana de tamboril estaba espectacular, totalmente recomendable. El servicio, además, fue de diez: atentos en todo momento, cuidando que estuviéramos a gusto. Incluso a un compañero que no le convencía lo de la carta, le prepararon exactamente lo que pidió. Nivel: atención personalizada con estrella extraoficial.


Y así, entre pedaladas, viento, cafés bien explicados y buena comida, cerramos la etapa… y casi sin darnos cuenta, la aventura.

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