lunes, 8 de junio de 2026

RUTA 9. PRESENTACIÓN

 Cuenta la historia, si no mienten los cronistas ni yerra la memoria de quienes la vivieron, que los esforzados componentes de la hermandad conocida por el nombre de “Crónicas Desde el Sillín” determinaron emprender una nueva aventura por las anchas y silenciosas tierras de La Mancha, aquella misma región donde, siglos atrás, un hidalgo de singular juicio y desmedida imaginación salió en busca de honra, justicia y aventuras bajo el nombre de don Quijote.

Fue ésta la novena de las expediciones acometidas por tan singular compañía, aunque, por razones que poco importan al lector y mucho a los relatores, se ha decidido alterar el orden natural de los acontecimientos y traer primero a estas páginas la más reciente de ellas, dejando para ocasión venidera la narración de las anteriores, que aguardan pacientemente su turno para ser contadas.

Eran diez los integrantes de aquella ilustre comitiva, hombres de variadas habilidades y saberes, cuya unión hacía pensar que no había empresa demasiado ardua ni camino demasiado largo para sus piernas y voluntades.

Mandaba en las labores de apoyo “El Capitán”, quien, al mando de la noble y fiel Furgo, seguía las andanzas de la tropa con ojo atento y disposición constante para acudir allí donde la necesidad lo reclamase. Aurelio ejercía el oficio de guía, custodio de tracks y derroteros, impidiendo que los viajeros se perdiesen por veredas desconocidas o acabasen combatiendo imaginarios gigantes donde sólo hubiese molinos. Benito A., sabio en materias pétreas, ilustraba a sus compañeros acerca de piedras, riscos, cantos y demás secretos de la tierra. Manuel M., docto conocedor de árboles, maderas y bosques, hallaba siempre ocasión para compartir algún conocimiento sobre la naturaleza que adornaba el camino. Javier M., médico de la expedición, velaba por la salud de todos con la prudencia que exige tan noble ministerio.

Xosé Lois V., contador de maravedíes modernos y custodio de las cuentas, tenía a su cargo el delicado gobierno de gastos y desembolsos, tarea tan importante como poco celebrada. Juanma B., maestro en las artes informáticas, resolvía con destreza los enigmas de la tecnología. Manuel C., matemático de precisa inteligencia, informaba puntualmente de distancias, velocidades y tiempos, como si llevase oculto en la cabeza un astrolabio de última generación. Manuel P., hábil en electrónica y mecánicas diversas, acudía al remedio de cualquier avería o contratiempo técnico. Cerraba tan distinguida nómina Manuel L., la más reciente incorporación al grupo, enfermero diligente y hombre de disposición tan generosa que jamás se le oyó negar ayuda a quien la precisara.

Y aunque algunos pudieran pensar que tan diferentes oficios habrían de producir desorden y confusión, sucedía precisamente lo contrario, pues cada cual aportaba su saber al bien común, formando entre todos una compañía tan bien avenida que parecía destinada por la fortuna para recorrer caminos y acumular recuerdos.

La ruta escogida era circular y tenía su principio y su término en la noble localidad de Alcázar de San Juan. Para su diseño se tomaron como referencia los itinerarios trazados por otros viajeros y aventureros de nuestro tiempo, especialmente los de “Con Alforjas” y “Wikiloc”, aunque no faltaron las modificaciones que la prudencia y las circunstancias aconsejaron.

La primera fue alterar el sentido de la marcha, pues donde los autores originales proponían girar siguiendo el movimiento de las agujas del reloj, nuestros viajeros resolvieron hacerlo en dirección contraria, quizá por llevar en el espíritu algo de aquella inclinación quijotesca a desafiar lo establecido. La segunda consistió en reducir las siete jornadas previstas a sólo seis, no por falta de ánimo ni de fuerzas, sino por las exigencias inexorables del calendario. Finalmente, fue preciso modificar parte del recorrido junto a las famosas Lagunas de Ruidera, pues el camino señalado atravesaba una zona protegida donde estaba prohibido el paso, y nunca fue costumbre de esta hermandad buscar aventuras a costa de quebrantar las normas.

Quedó así ordenada la empresa:

Primera jornada: Alcázar de San Juan – Villarrubia de los Ojos. 56,7 kilómetros.
Segunda jornada: Villarrubia de los Ojos – Almagro. 62,8 kilómetros.
Tercera jornada: Almagro – San Carlos del Valle. 66,76 kilómetros.
Cuarta jornada: San Carlos del Valle – Ruidera. 61,02 kilómetros.
Quinta jornada: Ruidera – Tomelloso. 64,61 kilómetros.
Sexta jornada: Tomelloso – Alcázar de San Juan. 54,5 kilómetros.

Aconteció, pues, que el viernes 8 de mayo llegó la compañía a Alcázar de San Juan, donde había de comenzar la aventura. Tras dejar atrás caminos y obligaciones cotidianas, buscaron acomodo en la Venta del Molino, hospedaje cuyo aspecto exterior despertó elevadas expectativas entre los viajeros. Mas quiso la fortuna que la apariencia de la fachada aventajase notablemente a la calidad de los aposentos, recordándonos una vez más aquella antigua enseñanza según la cual no siempre es oro cuanto reluce.

Llegada la noche, encaminaron sus pasos hacia el Restaurante Asador Javi para reparar las fuerzas antes de afrontar las jornadas venideras. Allí fueron servidos con viandas sabrosas y vinos dignos de acompañar una conversación entre amigos. No obstante, cuando llegó el momento de ajustar las cuentas, algunos caballeros de la expedición observaron que el importe parecía algo elevado para la concurrencia existente, pues además de los diez miembros de la hermandad apenas ocupaban el establecimiento dos parejas más.

Pero como los buenos aventureros saben que una cena, por abundante o costosa que sea, no puede empañar la ilusión de un viaje que está a punto de comenzar, dieron por bien empleados aquellos maravedíes modernos y regresaron a sus aposentos con el ánimo puesto en los caminos manchegos que les aguardaban al alba, donde, si no gigantes, al menos habrían de encontrar molinos, lagunas, pueblos antiguos y un buen puñado de historias dignas de ser contadas.

martes, 21 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 6. Odeceixe – Cabo San Vicente – Sagres

 

Llegó el último día. Tras haber descansado como auténticos reyes en la Pensao das Dunas y disfrutar de un desayuno estupendo y completo en la terraza (de esos que te hacen replantearte por qué no desayunamos así todos los días), arrancamos la última etapa con la misma ilusión con la que empezamos la ruta… aunque con un puntito de “esto ya se acaba”. Nos esperaban por delante los últimos 40 km.

La etapa se puede dividir en dos partes muy claras. Los primeros 20 km, hasta Vila do Bispo, siguieron la tónica de los días anteriores: sube y baja constante, tramos técnicos y alguna que otra ocasión en la que la dignidad ciclista obligó a echar pie a tierra sin remordimientos.

A partir de ahí, el terreno se calmó… demasiado. Se volvió prácticamente llano, casi sospechoso, donde el único rival serio fue el viento del sur, que en algún momento soplaba con ganas de recordarnos quién manda en la costa.

Para reponer fuerzas hicimos parada en la cafetería Caravela. Nos atendió una chica encantadora que, además de cafés, nos dio una auténtica clase magistral sobre cómo pedirlos en el norte y el sur de Portugal. Vamos, que no solo viajamos en bici: también hacemos turismo lingüístico y cultural sin proponérnoslo.


Con las pilas recargadas y algo más sabios en materia cafetera, reanudamos la marcha hacia el mítico Cabo de San Vicente, situado en el suroeste de Portugal y marcando el límite occidental del golfo de Cádiz. En el extremo nos esperaba su faro (aunque en nuestro caso, en obras y con visita aplazada), rodeado de una especie de fortaleza desde la que se contemplan los imponentes acantilados y la playa de Beliche. Un lugar que te hace parar sí o sí, aunque no tengas intención.


Pero la aventura aún no había terminado: todavía quedaban 10 km hasta Sagres, donde pasaríamos la noche.

El alojamiento fue el Sagres Sun Stay - Hostel & Surf Camp, un hostel claramente pensado para surfistas jóvenes y desenfadados (esa noche, sin duda, subimos la media de edad del lugar de forma considerable). Nos tocó una habitación con 6 literas para el grupo, amplia y bien organizada, perfecta para repartir equipaje sin entrar en guerra diplomática con los compañeros.


Nos relajamos un rato en la piscina antes de cenar, disfrutando del momento como si no existiera el día siguiente… aunque existía, y con agujetas.

Si hay que ponerle un “pero” al alojamiento, sería que por la noche el baño estaba en otro edificio. Algo que, en teoría, no suena dramático… hasta que te enfrentas al aire frío y húmedo de Sagres en modo excursión nocturna.

Antes de la cena, y para “recuperar líquidos” como manda el protocolo cicloturista, nada mejor que una Super Bock en el Chiringuito Praia da Mareta.

Y para cerrar el día como se merece: cena en el restaurante Babugem. Cenamos estupendamente. La cataplana de tamboril estaba espectacular, totalmente recomendable. El servicio, además, fue de diez: atentos en todo momento, cuidando que estuviéramos a gusto. Incluso a un compañero que no le convencía lo de la carta, le prepararon exactamente lo que pidió. Nivel: atención personalizada con estrella extraoficial.


Y así, entre pedaladas, viento, cafés bien explicados y buena comida, cerramos la etapa… y casi sin darnos cuenta, la aventura.

lunes, 20 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 5. Odeceixe - Carrapateira

 Penúltima etapa de la ruta, y —contra todo pronóstico— seguimos enteros, que ya es bastante decir. De momento lo llevamos sorprendentemente bien: ni incidentes, ni accidentes… solo alguna caída leve, de esas que se solucionan con un poco de “chapa y pintura” y, sobre todo, con unas buenas risas para disimular el orgullo herido.

Nos enfrentamos a una nueva etapa rompepiernas: 55 kilómetros sin un solo respiro, de esos que te hacen replantearte tus decisiones vitales en cada cuesta. Subes, bajas, vuelves a subir… y así en bucle, como si alguien hubiera diseñado el recorrido con especial cariño hacia el sufrimiento ajeno. Menos mal que, aproximadamente a mitad de camino, apareció el clásico avituallamiento, ese oasis bendito donde todo sabe mejor y donde uno recupera la fe en la humanidad… y en sus propias piernas.


Finalmente, llegamos a Carrapateira, un pequeño pueblo que nos recibió con una temperatura más que agradable y un inconfundible ambiente surfero. Entre tablas, neoprenos y esa calma relajada que parece flotar en el aire, nos encontramos con una enorme playa que invita tanto a pasear como a dejarse caer sin hacer absolutamente nada (opción muy tentadora en ese momento).


Nos alojamos en la “Pensão das Dunas”, un lugar estupendo y muy cercano a una espectacular playa de dunas —el nombre, desde luego, no engaña—. Fuimos por recomendación de un amigo, y esta vez hay que reconocer que acertó de pleno (lo cual tampoco es habitual, todo hay que decirlo).


Para cerrar el día como se merece, cenamos en el “Restaurantedo Cabrita”, situado a las afueras del pueblo, en la zona de playas y con la gran ventaja de no tener que jugar al Tetris para aparcar. Como en la mayoría de sitios por la zona, disfrutamos de comida portuguesa: pescado fresco, platos abundantes y precios más que razonables. En resumen, el tipo de cena que te reconcilia con la vida… y te hace olvidar, al menos por unas horas, los 55 kilómetros que llevas en las piernas.


 

viernes, 17 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 4. Odemira - Odeceixe

 


Arrancamos la cuarta etapa con la mochila cargada… no solo de provisiones, sino también de los recuerdos (no precisamente gloriosos) de nuestra primera experiencia. Aquella vez, al llegar a Odeceixe, se nos unió un invitado sorpresa que nadie había llamado: el señor COVID. En esta ocasión, venimos más fuertes, más sabios… y con la firme esperanza de que el susodicho haya perdido nuestro número.

La etapa se presentaba de media distancia —unos 39 kilómetros—, pero ya se sabe que en esto del ciclismo las cifras engañan más que un GPS en modo optimista. La dificultad técnica, moderada en teoría, se inclinaba en la práctica hacia el “¿en serio hay que subir esto también?”. Subidas, bajadas y caminos que parecían más pensados para cabras montesas que para bicicletas componían el menú del día. Eso sí, por primera vez en la ruta, el Atlántico empezaba a asomar, como quien no quiere la cosa, regalándonos ese extra de motivación.

Iglesia de São Teotónio

Hicimos parada estratégica en São Teotónio, un encantador pueblo del interior portugués, con sus casitas blancas perfectamente alineadas y esos detalles en azul que parecen pintados con regla y escuadra (o con mucha paciencia). Allí, en el quiosco Amanhecer, nos hicimos con unos bocadillos que, en ese momento, competían seriamente por el título de “mejor comida del mundo”. Los degustamos en el Jardim de São Teotónio, porque todo sabe mejor cuando uno se sienta… y deja de pedalear.

Con energías renovadas (y alguna que otra miga en el maillot), retomamos el camino hacia Odeceixe. El buen tiempo decidió ponerse de nuestra parte y nos regaló una tarde de playa que no estaba en el guion, pero que nadie se atrevió a rechazar. Incluso hubo valientes —o inconscientes, según se mire— que se animaron a darse un baño relajante.

Playa de Odemira

El alojamiento fue el mismo que en la ocasión anterior, el Hostel Seixe. Pero esta vez, por suerte, sin huéspedes “en cuarentena” ni capítulos inesperados de epidemiología en directo. Todo mucho más tranquilo, como debe ser.

Para cerrar la jornada, cena en el restaurante Chaparro: buena variedad, calidad más que notable y precios que no obligan a vender la bicicleta al día siguiente. Un final redondo para una etapa que, aunque exigente, se dejó querer.

 

jueves, 16 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 3. Cercal do Alentejo – Odemira

 

Preparados, listos..., YA!

Con toda la ilusión del mundo (y las piernas todavía convencidas de que esto era buena idea), nos lanzamos a por los 43 kilómetros de la tercera etapa, esa pequeña “paseíllo” que nos separaba de Odemira.

Podríamos dividir la etapa en dos partes muy claras: una primera hasta São Luís, con caminos de tierra sorprendentemente amables —de esos que te hacen pensar “oye, pues tampoco es para tanto”—; y una segunda parte, donde la cosa ya se pone más seria al seguir la histórica Ruta Vicentina, que decide recordarte que sí, que estás haciendo 43 kilómetros… y que se van a notar.


Una vez en Odemira, y tras completar la misión con éxito (y cierta dignidad), procedimos a lo verdaderamente importante: la recuperación. Nos hidratamos como mandan los cánones con una Super Bock en la terraza de la cafetería “O Tarro”. Precios más que razonables para lo que solemos sufrir habitualmente y un servicio de esos que te hacen sentir que te la has ganado… porque, efectivamente, te la habías ganado.

Aprovechamos también para hacer algunas compras y llevarnos recuerdos del lugar, porque si no vuelves con algo en la mochila, parece que no has estado.


Alojamiento: Residencial Rita
Bien situado, ideal para dejar caer el cuerpo sin tener que recorrer muchos más kilómetros (detalle muy de agradecer a esas alturas). Habitaciones triples, limpias y correctas. El desayuno, bueno y completo… aunque, desde nuestro humilde punto de vista, con un precio que nos hizo levantar una ceja (y no precisamente por el esfuerzo del día).

La cena fue en el restaurante “O Escondidinho”, en pleno centro. Un lugar familiar, con un trato cercano que te hace sentir como en casa, pero sin tener que cocinar tú. Comida rica, abundante y a buen precio: justo lo que uno necesita después de una jornada así. Sin duda, un sitio para repetir… si las piernas lo permiten.

miércoles, 15 de abril de 2026

RUTA 2. ETAPA 2. Santiago de Cacem – Cercal do Alentejo

 

Santiago de Cacem. Listos para inicar la etapa.

Bien descansados, bien desayunados y, lo más importante, con ganas de seguir pedaleando (porque ya estábamos allí y no quedaba otra), iniciamos la segunda etapa con destino a Cercal do Alentejo. Según el track, nos esperaban 42 km… una cifra respetable, pero todavía dentro de lo que uno puede aceptar sin negociar demasiado con las piernas.

Por el camino hicimos una parada cultural —sí, también tenemos ese lado sofisticado— en el Yacimiento Arqueológico de Miróbriga. Un lugar fascinante donde se mezclan restos de un asentamiento romano construido sobre otro celta, lo que viene siendo historia en capas, como una buena lasaña, pero sin queso. La visita mereció muchísimo la pena: bien conservado, interesante y, además, a un precio tan asequible que casi daba para sentirse culpable por no pagar un poco más.

Yacimiento arqueológico de Miróbriga

Tras la dosis de cultura y unos cuantos kilómetros más, el cuerpo empezó a enviar señales bastante claras (y poco negociables) de que necesitaba combustible. Así que hicimos parada técnica en Casa Fonseca, en Vale das Éguas. Allí nos atendió un señor de lo más majo, con esa hospitalidad tranquila que parece marca registrada de la zona, y además con una buena explanada que hizo las veces de parking improvisado para nuestras monturas. Los bocadillos, sencillos pero gloriosos, cumplieron su misión: devolvernos la fe en nuestras piernas.

Con energías renovadas, retomamos la marcha hasta llegar a nuestro destino y alojamiento: el Local Solar do Alentejo. Las habitaciones estaban bien, sin grandes lujos pero más que suficientes para el descanso del guerrero (o del ciclista, que viene a ser lo mismo pero con más lycra). Habíamos reservado tres habitaciones dobles: algunas con baño interior y otras con baño exterior, aunque exclusivo, eso sí… lo que no evitaba que en algún caso hubiese que hacer una pequeña expedición nocturna para llegar a él.

La reserva la hicimos por internet y ya venía todo perfectamente asignado, con sus números de habitación y todo en orden. Pero, una vez allí y ya instalados, apareció el gestor con una pequeña “sorpresa”: al parecer había habido un error y tocaba cambiar una habitación con baño interior por otra con baño exterior. Curiosamente —y aquí es donde la historia se pone interesante— ese “error” coincidió exactamente con la llegada de dos turistas alemanas en busca de habitación. Casualidad, por supuesto… de esas que pasan solo una vez en la vida… o cada vez que hay overbooking. En fin, lo aceptamos con deportividad (y alguna mirada cómplice entre nosotros).

Para cerrar el día, nos fuimos a cenar al restaurante O Passarinho, muy cerca del alojamiento. Comida portuguesa, casera y muy bien elaborada, de esas que reconcilian con el mundo después de una buena etapa. La señora que nos atendió fue encantadora… aunque también bastante convincente, porque al final terminamos comiendo exactamente lo que ella quiso. Y oye, visto el resultado, quizá sea mejor así: menos decisiones y más disfrutar 😄

RUTA 2. ETAPA 1. Melides – Santiago de Cacem

 

El Capitán preparando el coche escoba para la ruta.

Esta vez salimos con la firme intención de darlo todo… o al menos de intentarlo con dignidad. A mediodía ya estábamos en Santiago de Cacém, así que, motivados (y quizá un poco optimistas), decidimos inaugurar la aventura con una etapa prólogo desde Melides. Según los tracks, aquello iban a ser unos cómodos 26,23 km… pero claro, los tracks no contaban con nuestro peculiar sentido de la orientación. Entre algún que otro despiste —llamémoslo “variantes improvisadas del recorrido”— acabamos redondeando la jornada en unos 30 km bien aprovechados.

La etapa era relativamente plana, de esas que engañan: parece que no subes, pero tampoco bajas, y al final siempre “pica” hacia arriba cuando menos te apetece. Con unos 350 m de desnivel negativo, las fuerzas se mantuvieron sorprendentemente intactas, lo cual nos permitió terminar bastante enteros… aunque con un pequeño detalle: casi nos pilla la noche. Los últimos kilómetros se convirtieron en una auténtica contrarreloj, digna de cualquier gran vuelta, pero con menos público y más prisas.

Como todo esfuerzo merece su recompensa, procedimos a una recuperación científica y rigurosa: una Super Bock bien fría y una contundente cena en el Restaurante Covas. Cocina típica del Alentejo, raciones generosas (por no decir desafiantes) y esa sensación de felicidad que solo da comer como si no hubiera un mañana.

Con el estómago lleno y el espíritu en paz, nos retiramos al merecido descanso en el Turismo Rural A Deolinda, un lugar tranquilo a las afueras del pueblo, perfecto para desconectar… o para caer rendidos sin necesidad de desconectar nada.



El alojamiento no decepcionó: un apartamento para cuatro personas, con dos habitaciones dobles y un salón amplio, cómodo y perfecto para comentar la jugada del día… y exagerarla un poco. Además, un bungalow más recogido para dos personas, que habría sido ideal de no ser porque también teníamos un invitado extra: la bicicleta, que, por supuesto, no pensaba dormir sola fuera.

Y qué decir de Deolinda, una señora encantadora que nos recibió con una sonrisa y nos despidió con un desayuno espectacular. Gracias a ella, al día siguiente arrancamos la etapa con las pilas cargadas, el ánimo alto y la secreta esperanza de no añadir kilómetros “extra” al track… aunque, siendo nosotros, eso nunca se puede garantizar 😄


lunes, 13 de abril de 2026

RUTA 2: RUTA VICENTINA II

 Tras el rotundo fracaso del primer intento de conquistar la Ruta Vicentina allá por marzo —cuando el COVID decidió apuntarse al viaje sin invitación—, seis meses después regresamos con más ganas… y, por qué no decirlo, con algo más de prudencia. Esta vez optamos por cambiar las vistas de mar por los paisajes del interior, pero manteniendo intacto el objetivo final: alcanzar el mítico cabo de San Vicente.

Las etapas, cuidadosamente planificadas (o eso creíamos al principio), fueron las siguientes:

  • Etapa 1: Melides – Santiago de Cacém (30 km)
  • Etapa 2: Santiago de Cacém – Cercal do Alentejo (42 km)
  • Etapa 3: Cercal do Alentejo – Odemira (43 km)
  • Etapa 4: Odemira – Odeceixe (39 km)
  • Etapa 5: Odeceixe – Carrapateira (55 km) (sí, alguien pensó que esto era buena idea)
  • Etapa 6: Carrapateira – Sagres (40 km)

Decidimos dividir la aventura en seis “cómodas” etapas para hacerla más llevadera, aunque pronto descubrimos que eso de “llevadera” era un concepto bastante optimista. Al tratarse de una ruta por el interior, el terreno resultó ser todo un festival de subidas y bajadas, de esos que ponen a prueba tanto las piernas como la paciencia. Así que optamos por tomárnoslo con filosofía… y muchas pausas estratégicas.

Pero esta vez sí: misión cumplida. El 3 de octubre alcanzamos por fin el extremo suroeste de Portugal, donde la recompensa nos esperaba en forma de impresionantes vistas, la imponente fortaleza y el faro que vigila el fin del mundo conocido (o eso parecía después de tantos kilómetros). Y aunque llegamos con las piernas pidiendo vacaciones, la satisfacción hizo que todo el esfuerzo mereciera la pena.

jueves, 9 de abril de 2026

RUTA 1. ETAPA 3. Almograve – Odeceixe

 

La noche en Almograve prometía ser tranquila… pero decidió ponerse dramática. Algún miembro de la expedición debutó con dolor de cabeza y fiebre, aunque en ese momento lo tratamos con el clásico “bah, seguro que mañana se pasa” (spoiler: no se pasó).

Desayunamos en el alojamiento —incluido en el precio, lo cual siempre sabe mejor— y arrancamos con ilusión nuestra ruta de 45 kilómetros rumbo a Odeceixe. Pero el día había decidido que no íbamos a aburrirnos: a los pocos kilómetros, a una bici le dio por hacer huelga y rompió la cadena. Menos mal que la asistencia funcionó de maravilla: trocito fuera, malla nueva, y como si nada hubiera pasado. Ni en la Fórmula 1.

El paisaje, eso sí, seguía cumpliendo: playas espectaculares como Praia do Cavaleiro o Praia do Creleizão, y acantilados de los que te hacen sacar el móvil aunque ya tengas mil fotos iguales, como en el faro de Cabo Sardão.

Hicimos parada en Zambujeira do Mar, ese tipo de pueblo portugués donde todo parece tranquilo… y el café siempre está buenísimo y sorprendentemente barato (misterios de la vida).


Mientras tanto, nuestro compañero “pocho” seguía sin levantar cabeza, así que nos pusimos en modo sanitario y fuimos en busca de una farmacia… que, por supuesto, estaba cerrada. Porque si algo puede salir mal, saldrá mal. Seguimos ruta.

Al llegar a Odeceixe, la misión fue clara: encontrar una farmacia sí o sí. Test de antígenos en mano… y bingo: positivo en COVID. Ante la alegría general (nótese la ironía), el resto del grupo decidió hacerse test también: resultado final, dos positivos y cuatro negativos. El marcador empezaba a animarse.

Solución adoptada: los dos infectados, aislados como reyes en sus habitaciones; los otros cuatro, a cenar y debatir como si fuera una cumbre internacional. Decisión final: retirada estratégica y vuelta a casa.

Pero el virus aún tenía ganas de protagonismo: a la mañana siguiente, antes de regresar… ya éramos tres positivos más.


Conclusión: empezamos siendo una expedición ciclista… y terminamos siendo un brote con ruedas 🚴‍♂️😷

miércoles, 8 de abril de 2026

RUTA 1. ETAPA 2. Porto Covo – Almograve

 


Iniciamos el segundo día de ruta los cinco valientes (y el capitán, cómodamente instalado en la furgoneta de apoyo, supervisando… desde su trono con ruedas) con mucha ilusión y una temperatura en Porto Covo ideal para afrontar los 41,57 km que nos separaban del destino. Vamos, el típico clima que te hace pensar: “hoy sí, hoy soy ciclista profesional”… hasta que aparece la arena.

Al ser el recorrido por la costa, no hay mucha dificultad si hablamos de desnivel, pero, igual que el día anterior, la arena en las pistas hacía bastante dificultoso el pedaleo. Más que ciclismo, por momentos parecía una clase intensiva de spinning… pero sin música y con más sufrimiento. A pesar de ello, y gracias a que todavía nos quedaban fuerzas (y algo de dignidad), conseguimos avanzar mientras disfrutábamos de las preciosas playas que íbamos dejando a nuestra derecha: Praia de Ilha do Pessegueiro, Praia dos Aivados o Praia do Malhão. Todo muy bonito… aunque no lo suficiente como para bajarnos de la bici y empujar con alegría.

Hicimos parada para café en Vila Nova de Mil Fontes, precioso pueblo marinero en la desembocadura del río Mira. Un lugar tan encantador que casi convencía para quedarse… pero el destino (y las piernas) nos llamaban.



Llegamos a Almograve justo a tiempo para comer, que, siendo sinceros, era ya el principal objetivo del día. Aprovechamos la tarde para descansar y reponer fuerzas, actividad en la que demostramos ser auténticos expertos.

En esta ocasión, nuestro alojamiento fue en la Pousada de Juventude de Almograve, todo lo contrario al de Porto Covo. Un lugar enorme y lleno de gente, sobre todo joven, en el que nosotros aportábamos ese toque “vintage” al ambiente. Había habitaciones individuales y también de grupo con literas, perfectas para recordar viejos tiempos… o para confirmar que ya no estamos para esos trotes.

El principal problema lo encontramos a la hora de la ducha: mucha gente y pocas duchas. Las colas eran tales que, por un momento, pensamos que habíamos cambiado las bicicletas por entradas para un concierto. Pero bueno, todo forma parte de la aventura… y del aroma del compañerismo 😄


martes, 7 de abril de 2026

RUTA 1. ETAPA 1: Santiago de Cacem - Porto Covo

 


El día 28 de marzo de 2022 iniciamos nuestra andadura por tierras portuguesas. La idea inicial —y aquí viene lo importante: inicial— era completar la famosa Rota Vicentina, desde Santiago de Cacém hasta Cabo de San Vicente. Un plan perfecto, de esos que suenan épicos cuando los cuentas… y que luego la realidad se encarga de matizar. Y es que, como relataremos más adelante, a mitad de la aventura nos cruzamos con un inesperado compañero de viaje: el COVID, que decidió unirse sin invitación y obligarnos a regresar a casa antes de tiempo. Pero no adelantemos acontecimientos.

Como buenos aventureros organizados (o al menos eso intentábamos aparentar), lo primero que necesitábamos era contar con los tracks de la ruta. Para ello recurrimos a páginas como Con Alforjas, donde las rutas están explicadas con todo lujo de detalles, y a Wikiloc, imprescindible para no acabar, literalmente, en mitad de la nada… aunque tampoco garantizaba librarse del todo de despistes.

La Rota Vicentina puede realizarse de dos formas: siguiendo la costa por el “Trilho dos Pescadores” o adentrándose por el interior. Nosotros, cómo no, optamos por la opción más pintoresca… y también más traicionera para las piernas: la ruta costera. Porque si vas a sufrir, al menos que sea con buenas vistas.

Llegamos a Porto Covo, donde pasaríamos nuestra primera noche, justo después de comer. Pero como todavía nos quedaban energías (o inconsciencia), decidimos aprovechar la tarde para hacer una especie de etapa prólogo: desde Santiago de Cacém hasta Porto Covo, unos nada despreciables 26,7 km. Sobre el papel, el recorrido era totalmente llano, lo cual sonaba estupendo… hasta que descubrimos el verdadero enemigo de la jornada: la arena.

Las pistas cubiertas de arena se convirtieron rápidamente en nuestro particular campo de batalla. Pedalear se transformó en una mezcla entre ciclismo y lucha libre, y no tardaron en llegar las primeras caídas, esas que duelen poco en el cuerpo pero mucho en el orgullo. Digamos que la ruta empezó a enseñarnos, desde el primer día, quién mandaba realmente.

Después del esfuerzo, tocaba recompensa. Cenamos de maravilla en el restaurante Zé Inácio, donde recuperamos fuerzas como auténticos campeones, y nos alojamos en el Ahoy Porto Covo Hostel. Un lugar limpio, tranquilo y con una relación calidad/precio más que decente. Además, éramos los únicos huéspedes aquella noche, lo cual nos hizo sentir como si hubiéramos alquilado el sitio entero… sin pagar ese lujo, claro.

A la mañana siguiente disfrutamos de un delicioso desayuno en la terraza del hostel. El ambiente era idílico: sol suave, tranquilidad absoluta… hasta que la conversación, de forma totalmente natural (o preocupante, según se mire), derivó en el número de pastillas que tomaba cada uno. Porque nada une más a un grupo que comparar medicación a primera hora del día.

Con el estómago lleno y el espíritu renovado, iniciamos la segunda etapa rumbo a Almograve, sin saber muy bien si estábamos preparados… pero con ganas de seguir acumulando kilómetros, anécdotas y alguna que otra caída más.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Cronicas desde el Sillín

 Somos un grupo de jubilados con algo en común que va mucho más allá de la edad: una pasión irrenunciable por la bicicleta.

Antes, cuando el trabajo marcaba el ritmo de nuestras semanas, nos escapábamos siempre que podíamos. Dos, tres salidas semanales… lo justo para mantener viva la chispa. Pero llegó la jubilación —y con ella, el tiempo— y decidimos que ya no queríamos solo salir… queríamos viajar.

Así nacen estas Crónicas desde el Sillín.

Lo que comenzó como una idea entre amigos se transformó en una aventura sobre ruedas por España y Portugal (por ahora…). Seis fuimos los que dimos el primer paso en abril de 2022. Curiosamente, casi todos veníamos del mundo de la educación… excepto nuestro Capitán.

Y qué decir de él.

Capitán de la Marina Mercante en su vida profesional, hoy sigue siendo quien mantiene el rumbo del grupo, aunque desde tierra firme. Por motivos de salud tuvo que dejar la bicicleta, pero su papel es absolutamente esencial. Mientras nosotros pedaleamos, él se encarga de la logística: compra el pan, prepara el avituallamiento, nos espera en el punto justo para recuperar fuerzas y se adelanta para dejar todo listo en el alojamiento. Gracias a él, cada final de etapa sabe aún mejor: bicis guardadas, ducha reparadora y la satisfacción del camino recorrido.

Desde aquel abril de 2022 no hemos dejado de sumar kilómetros y experiencias. Estas son algunas de las rutas que ya forman parte de nuestra historia:

  • Ruta Vicentina I (hasta Odeceixe)
  • Ruta Vicentina II (hasta el Cabo de San Vicente)
  • Camino del Cid I (de Vivar del Cid a Daroca)
  • Camino del Cid II (de Daroca a Valencia)
  • Ruta del Ebro I (de Brañavieja a Tudela)
  • Ruta del Ebro II (de Tudela a Riumar)
  • Camino del Duero (de Duruelo a La Fregeneda)

Con el tiempo, el grupo ha ido creciendo. A los “profes” se han unido compañeros de la sanidad, la informática… y nuevas historias que se irán sumando poco a poco. Hoy ya somos 14 los que compartimos kilómetros, risas, esfuerzo y, sobre todo, ilusión por seguir descubriendo caminos.

Este blog nace con la idea de contar todo eso: lo que vivimos, lo que aprendemos, lo que nos sorprende… y también esos pequeños detalles que solo aparecen cuando se viaja despacio, a golpe de pedal.

Si además conseguimos inspirar o ayudar a otros amantes de la bicicleta, entonces el viaje será todavía más especial.

Nos vemos en la próxima etapa 🚴‍♂️